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Lucha de Gigantes…
En un mundo descomunal, siento mi fragilidad.
No se que fue primero, si el asombro o el encanto, pero si sé que nunca el vacío ni la ausencia.
Te percibí y supe que eras yo y también todos lo demás.
Nada pudo volver a ser igual: eras la vida reclamando vida, la mente reclamando mente, el corazón reclamando corazón, y algo mucho más que nosotros dos.
El sentido se recobra y se toca el horizonte: no es asunto de grandes miras sino de manos quietas, de universos paralelos y de ilusiones sin perder, sin arrebatos.
Es el aquí y ahora, pero también el antes y el después: ya no más la ignonimia, no más la consciencia sin memoria y sin afán.
El menor es el mayor, y los pocos son los muchos: la verdad está ahí abajo, en lo bajito, en la justa mitad de la existencia.
Ojos que miran hacia arriba siempre. Corazón que palpita a ras del suelo. Voz que truena hacia el centro de todo: Ya no más indiferencia, nunca más la soberbia y la arrogancia.
Cuando el jilguero canta, la jaula tiembla. La libertad del cautivo y del olvido se vuelve decreto por derecho propio y por democracia social!
Gilberto: para ti donde te encuentres, gracias.
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