Si me preguntaran cual es el recuerdo más hermoso de mi infancia, sin dudarlo ni un instante les diría que en "el baldío" enfrente de la escuela 18 de Marzo, con una pelota de futbol en los pies y el corazón henchido de pura pasión futbolera, a mis escasos 9 o 10 años de edad.
En cada comienzo de año, es imposible sustraerse de lo que queda y de lo que se va. A veces se va la vida de algun ser querido, de alguno no tan querido o de alguno solamente conocido.
Es una larga historia que quizá merezca ser contada. No es fácil ser Mazatleco y andar impune por el mundo. Cargamos con una gran riqueza y miseria genéticas, digna de los casi 500 años de que se tienen memoria en esta tierra patasalada.