
No se cuántas veces he escuchado que la vida transcurre en ciclos y que hay que cerrarlos para seguir viviendo. No falta quien dice de los peligros de abrir nuevos ciclos sin cerrar los anteriores, pues ese no es el camino para una vida armoniosa y productiva.
Hay sicoterapistas que recomiendan enfrentar el pasado, meterlo en una cajita, cerrarla y tirar la llave. Creo que eso es antinatural y puede resultar contraproducente.
Yo creo que la vida no es círculo tras círculo tras círculo, aislados y sin conexión. Yo creo mas bien que la vida es como una espiral, donde se avanza y se continúa en movimiento constante, dejando atrás el pasado que definitivamente nunca desaparece, sino que cambia de lugar.
Los momentos de nuestra vida son círculos abiertos interconectados, contemplados por un observador, es decir, nosotros mismos, que también cambia de lugar en el proceso.
Los amores y las desventuras, por ejemplo, tienen nombre y apellido, y lo tendrán por siempre, pero nosotros no seremos los mismos mañana, ni la próxima semana, ni el próximo año, porque continuamos en nuestra hélice viviente.
Si intentamos vivir el ayer, resulta improcedente pues el criterio del observador ha cambiado y los objetos de análisis tambien su significado.
Si intentamos vivir el futuro, también lo es pues no sabremos cuales serán nuestras prioridades y metas dentro de unos años, las que de seguro serán diferentes a las de hoy.
Como dijera Julieta Venegas: "el presente es lo único que tengo"... pero este ya se volvió pasado ahorita que lo escribí, ups!